Un lunes cualquiera, hace aproximadamente 4 años y medio.

El siguiente pensamiento pasaba por la mente de, mínimo, 5 personas. “Primer día de universidad, a ver que sale.†Entrando al salón – bueno, aula, disculpe usted – te encuentras un par de caras conocidas. Después de todo no estás tan sola como originalmente habías pensado. Al mismo tiempo, ves muchas caras nuevas y una que otra que te ve con cara de “¿Y tú qué?â€

Otro lunes. Digamos… 8 meses después. (¿Porque 8? ¿Porque no?)

Las caras hostiles han llegado a su fin. No te consideras cuate de todas, pero mínimo el miedo de ser atacado entre clases se ha disipado. Te quejas de tu alma mater (te guste o no, finalmente eso es lo que es) y te gustaría cambiar ciertos, o varios, aspectos de ella. Las experiencias que vives día tras día son fuertes, pero poco a poco te vas moldeando. O curtiendo.

Un Martes, año y cacho después. (¡Aja! Pensabas que iba a ser lunes, ¿verdad? Pero qué crees… fue puente.)

Te encuentras en el punto medio del camino, también conocido como… la carrera. Algunas meditan el porqué demonios escogieron esta carrera, pero lo superan – o se resignan. Cualquiera que sea el caso, sigues compartiendo tus días con el 98% de las personas con las que empezaste. Tú, por tu lado, disfrutas lo que haces, aunque admites querer momentos de paz para dedicarlos a ti misma. (Nota del editor: si sirve de algo, este sentimiento no se te quita en un rato)

Unos meses después. O algo así.

Tus prácticas profesionales (sigo diciendo que haces mas servicio social del que debes hacer, pero bueh…) han dado un giro de 360 grados. De hacer cosas doctorezcas (en buen mexicano, claro) has llegado a estar sentada enfrente de un objeto inanimado lleno de información. Podrías pasar el día viendo videos informativos, educativos y nacionales – dígase, la CANACA – pero estas obligada a quemarte la retina por culpa del diseñador a cargo de OCC. Puede que sea tu hit, puede que no. Pero sin duda alguna, no combina con la parte clínica del plan de estudios.

Hace unos meses.

¡Oh mi dios! ¡La tesis! ¿Porque no agarre el CENEVAL? Más que nada, porque es bonito sentir que creas algo para el mundo; alcanzar la inmortalidad, de una forma u otra, aunque sea en los libros de ciencia. Te rompes la cabeza pensando en un tema, pero cuando finalmente te decides en uno… PAM! Te lo niegan. Y así, empieza el ciclo de resistirse a crecer, a iniciar lo que realmente viene siendo tu última tarea. Ah, pero querías salir de la escuela, ¿verdad?

Hoy

En un par de meses, dejaras de ser estudiante. Bueno, si es que te pones las pilas y terminas la tesis, pero estoy seguro de que lo vas a hacer. Quien lo hubiera pensado – de no considerar amigos a varias personas, ahora no te puedes imaginar un mundo sin ellos. Estas en el proceso de prepararte para los cambios que vienen a tu vida: dejar de ser estudiante, empezar a laborar como actividad principal y, para algunos, salirse del nido que ha conocido toda su vida para generar el propio. Es un cambio radical, pero vaya que lo vale. En fin… hay que darle a esa tesis; no se va a escribir sola, ¿o sí? Sé que no es fácil enfrentar los miedos, pero estoy seguro que eres capaz de hacerlo. De hecho, estoy seguro te va a ir muy bien con la tesis. ¡Ãnimo! Y más te vale que me des una copia cuando la termines.

Junio 27 (¿?) 2009

La graduación. Una simple palabra aguda (y vaya que lo es), compuesta por silabas sencillas… pero vaya que sentimiento y experiencia tan compleja. Felicidad y tristeza; enojo y risa. Extrañeza y paz. Pero velo de esta forma…

¡Felicidades! Ya estás del otro lado del camino. Siempre supe que lo ibas a lograr. Espero haber podido ayudarte en esa última tarea – la culminación de 5 años de esfuerzo, presión y más. No sé que tengas planeado hacer saliendo de aquí, pero sigo diciendo lo mismo que he dicho siempre: confío en ti y por puros modales, buena suerte – realmente no la requieres.

Y sigo queriendo mi copia de la tesis. Autografiada, de ser posible.